Historia del Mercado

La historia de la familia Romero bien podría ser la de cientos de familia que durante los primeros años del siglo XX salieron de sus pueblos para buscarse la vida, en algunos casos muy lejos de sus raíces. En este caso Estanislao y Antonia emigraron a Barcelona, donde nació su primera hija, pero tras unos duros meses de trabajo, y no soportando las formas en que se trataban allí a los emigrantes, la familia volvió a su humilde pueblecito de Almería.

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Pero en la España rural de aquellos años nada había cambiado. Las condiciones de vida se hacían difíciles en los pueblos de una Andalucía postergada en el más absoluto de los olvidos. Tras el nacimiento de Antonio, su segundo hijo, la familia decide probar fortuna en Sevilla, y se trasladan al barrio de Triana en los últimos de los años 20.

En una humilde vivienda de los soportales de la calle San Jacinto nace Cristóbal, mi suegro, en el año 1932. Pasan por otras casas de la calle San Jacinto hasta que se construye la “casa de los guardias” en la calle Pagés del Corro. Y es que Estanislao Romero formó parte del cuerpo de la Policía Municipal de la República por lo que, como muchos otros, pasó serios problemas durante la guerra y en los años siguientes, siendo perseguido e incluso condenado a muerte. Pero el destino y un joven oficial desconocido salvó la vida al joven Estanislao Romero sacándolo de la fila de jóvenes que iban a ser fusilados en una fría mañana. Aún recuerdo al abuelo Estanislao hablar de aquel episodio sin haber sabido nunca la identidad de aquel oficial que le salvó la vida.

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En todo este entorno fue creciendo el pequeño Cristóbal, que desde su más tierna infancia se sintió identificado en un barrio que, a pesar de la miseria y de la escasez propias de los años de posguerra, nunca perdió la sonrisa ni la alegría de vivir. Triana desde los albores de su historia se formó por gente humilde, trabajadora y luchadora, y en estos duros años cualquier cosa, por pequeña que fuera, podía ser un motivo de fiesta en aquellos corrales y patios de vecinos donde los lazos de amistad y vecindad se vieron acrecentados ante las adversidades. Yo que pertenezco a una generación que no ha vivido aquello, reconozco ser heredero de un legado que no tiene precio, que son los valores grabados a fuego de nuestros mayores: la solidaridad, el respeto a los mayores, la generosidad, la fraternidad. Y es que, aunque también había riñas entre vecinos, no pasaban más de dos días sin que hicieran las paces, porque la convivencia entre familias era muy estrecha.

Aquella generación creció bajo el manto de una luz especula que siempre tuvo este barrio de Triana, con sus fraguas, sus tabernas, sus alfareros, en las que ya desde pequeño mi suegro se empapó del arte que en ellas se respiraba. Allí conoció Cristóbal a muchos personajes que en nuestros días podrían haber sido grandes artistas del cante y del baile, pero la mayoría de ellos sólo lo hacía por el simple hecho de disfrutar de su arte y regalárselo a los demás.

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Cristóbal no fue un buen estudiante, por lo que desde muy temprana edad comenzó a trabajar de mozo con su tío Paco y su tío Cristóbal hasta que a la edad de 8 años empezó a trabajar en la panadería que había en el patio central del Mercado de Triana. años después, y tras jubilarse el panadero, sus padres le compraron el puesto, cambiando la licencia para la venta de frutas y verduras.

En estos años de juventud Cristóbal se integra perfectamente en un grupo de gente donde reinaba la alegría y el compañerismo, porque aunque hubieran diferencias y peleas propias de la rivalidad comercial, el odio y el rencor no existían y al día siguiente se olvidaban las trifulcas.

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Cristóbal fue durante toda su vida un trabajador incansable. Luchador, honesto, amable y simpático, se ganó el cariño de todos sus clientes porque siempre tuvo un tremendo respeto hacia aquellas personas que depositan en él su confianza. Y es así como gracias a personas como Cristóbal y gente del Mercado de su misma generación, sus herederos tenemos la inmensa fortuna de atender a clientes en nuestros puestos que son hijos, nietos incluso bisnietos de aquellos primeros clientes. En eso se esforzó Cristóbal durante toda una vida, en mantener lazo que le unían a sus clientes, alimentándolos con un profundo cariño y respeto más allá de los lazos comerciales.

Durante 75 años de su vida demostró con creces su amor por el Mercado, estando siempre implicado en los problemas y las adversidades. Cuando Cristóbal empezó a vender el Mercado de Triana era un “hervidero” de gene al igual que todos los Mercados de Abastos de Sevilla. El Mercado de Triana tenía ya más de 100 años de historia, y era el punto de abastecimiento de Triana y de muchos pueblos del Aljarafe. Eran los años “dorados” de los Mercados porque tras los difíciles años de posguerra la gente vivían para comer, y el ir a la Plaza a diario se convierte en una de las máximas prioridades de todas las familias.

En estos años llegó a haber en el Mercado de Triana 156 licencias de venta y se consolidan varias dinastías de vendedores que pervivieron durante décadas dejando su arte, su impronta y su buen hacer en la historia del Mercado. Los Mora, Chaves, Sarria, Campos, Estela, Luna, Figueroa, Olivares, Ruiz, Acevedo, Osuna, Pipa, Padilla, Ojeda… son sólo un ejemplo y muestra de familias que dedicaron su vida entera al Mercado y a servir una causa noble y honesta, llevan a cada casa un trocito de su buen hacer profesional.

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Cristóbal es el último bastión de aquellas generaciones que sufrieron el deterioro y abandono de los Mercados por parte de la administración pública, en favor de las grandes multinacionales y grandes superficies. vivió con inmensa tristeza la desaparición de pequeños negocios de Triana que fueron grandes instituciones durante décadas, y vivió con gran pesar el cierre de decenas de negocios dentro del Mercado, porque los grandes Hipermercados y Supermercados se apropiaban de Sevilla.

Pero la generación de Cristóbal no se hundió jamás, ya que el tesón, el trabajo y la constancia siempre fueron sus principales armas. Todo ello unto con un amor y respecto infinito hacia el cliente. Es así como sobrevivimos a diversas vicisitudes, la principal el traslado a unas instalaciones provisionales para la remodelación del viejo Mercado.

Eran los años previos a la Expo 92 cuando el Ayuntamiento decide remodelar el viejo Mercado ante el lamentable estado que ofrecían sus instalaciones. En el año 1989, y tras hacer un importante desembolso económico se inauguran las instalaciones provisionales entre las calles alfarería y Pagés del Corro. Con más de 150 años de historia el viejo Mercado ofrecía una imagen lamentable, pero el miedo a dejar sus negocios hizo que algunos compañeros prefirieran no ir al Mercado provisional ante la promesa de que la obras durarían 18 meses. Aquel traslado supuso para todos nosotros un gran riesgo y una gran incertidumbre, y para colmo la “provisionalidad” duró 11 años y en el camino se quedaron muchos.

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Cristóbal, que siempre estuvo implicado con los problemas del Mercado, desde su Junta Directiva luchó con uñas y dientes por defender los intereses del Mercado. Luchó por lo que siempre consideró mejor para sus compañeros y para sus compañeros y para los clientes del Mercado. A pesar de que en las instalaciones provisionales tuvimos la suerte de que nuestro público mantuvo su lealtad, Cristóbal añoraba el viejo Mercado y se empeñó en que el proyecto de obra contemplara la construcción de un parking subterráneo, ya que aparcar en los alrededores del Mercado era un auténtico problema desde hacía años. ante la negativa por parte de los técnicos municipales argumentando la no viabilidad del parking subterráneo, Cristóbal insistió una y mil veces hasta la saciedad, por lo que probablemente sea uno de los principales artífices de lo que hoy consideramos uno de los fundamentos básicos de las instalaciones del Mercado.

Legó así el año 2001, año de la inauguración de las nuevas instalaciones. el Mercado de Triana, como el Ave Fénix, renació de sus cenizas cargado de ilusión y de esperanza ofreciendo a su barrio y a Sevilla lo mejor en cuando a instalaciones y servicios, con la profesionalidad de siempre y el buen hacer de sus comerciantes.

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Cristóbal, como gran visionario que fue durante toda su vida comercial, supo que desde el primer momento que los tiempos y las circunstancias habían cambiado enormemente, y que el Mercado tenía que modernizarse en otros aspectos y abrirse a la incorporación de nuevos negocios enfocados a otras actividades, como principalmente, el ocio y la hostelería. Por ello siempre apoyó la incorporación de estos nuevos negocios y alentó a propietarios para que lucharan y amaran al Mercado tanto como él lo hizo durante toda su vida.

Cristóbal fue una persona querida por todos aquellos que lo conocieron, tanto compañeros como clientes del Mercado. Simpático y dicharachero, derrochaba arte por los cuatro “costaos”.

En su diccionario particular no conoció nunca la palabra “odio” ni “rencor” y jamás tuvo pelea seria con ninguno de sus compañeros del Mercado. Contagió a todo el mundo con su arte y su compás aprendido del “Canales”, del “Titi” de Triana, de las noches de juerga con el “Beni” en Villa Troya, bebió de los cantes del Arenezo, del maestro “Oliver”, de “Gordito de Triana”, de los hermanos Ballesteros, y de tantos y tantos otro con lo que compartió ratos de arte y de duende.

Fue un hombre tremendamente generoso que jamás vio maldad en nadie, por lo que a veces la vida le dio más de un palo.

Probablemente Triana tendría personajes ilustres de más importancia que Cristóbal. Es evidente que un barrio como Triana, que ha sido cuna de grandes toreros, cantantes, bailadores, poetas, orfebres, ceramistas, artesanos y artistas en general, debe rendir también un pequeño homenaje a quienes desde sus humildes profesiones llevaron la sonrisa a miles de trianeros con su profesionalidad y amor por su barrio. Y es que a buen seguro, en algo no hay quien gane a éste humilde frutero de Triana,y es su amor por el barrio que le ció nacer y crecer.

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Rendir este pequeño homenaje a Cristóbal es rendir también un pequeño homenaje a su padre Estanislao, sargento de los municipales de Triana, personaje conocido por su honradez y honestidad, que fue precursor junto con Aurelio Murillo de la reorganización de la Velá de Santa Ana, tras los años de prohibición. Asimismo, su tío Cristóbal fue uno de los personajes más conocidos del barrio por regentar la tienda esquina Fabié con Pureza, querido también por la simpatía y generosidad que derrochó tras los años de escasez en la posguerra.

Sirva este homenaje también para hacer extensible a una saga de comerciantes que tuvieron como premisa fundamental en sus vidas el sacrificio y el amor incondicional a sus clientes y amigos.

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